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Mariana Alzamora

I. Dejé la universidad y la escuela de arte en 1969, para viajar, para descubrir el secreto de las culturas que creaban la belleza, el ritmo y la armonía que no veía en el arte moderno-contemporáneo. Me crié en Lima, Perú, en su riqueza rodeada de su pasado pre-incaico hasta la muerte de mi padre; en 1963, a los 15 años, mi hermana Gracia y mi hermano Victor y mi madre Jeanne regresamos a los EEUU, a Ann Arbor, Michigan, su pueblo natal, para continuar su, y nuestra educación.

Durante mi juventud y los oscuros años de crisis existencial mi trabajo surgía de la necesidad de estudiarme, de estudiar la vida y de dejar rastro del momento vivido.

En 1977 regresé a los EEUU, a Gasparilla Island para que mis dos hijos crecieran al lado de su abuela que construyó Gasparilla Island Studios para nuestros trabajos. Mis obras en arcilla y seda, eran una celebración de gozo de vivir en un mundo primordial y pristino, apenas poblado; la isla de arenas blancas, aguas turquezas, con abundante vida marina, flora y personas agradecidas de encontrar la paz y la belleza, fue un ambiente generoso y de constante apoyo para nuestro crecimiento.

A los cuarenta, cuando mis hijos se independizaban, una vez mas tuve que definir mi propósito; ya no sentía satisfacción en diseño y color de las sedas; no quería que fuesen solo una decoración. Tenía que decir, encontrar algo. Los problemas circumstanciales y existenciales convergen y con un sentido de culpa, ya que como me podia faltar algo con todo lo que se me había dado, con todo lo que había logrado hacer y que me hizo querer enfrentar mi oscuridad. No quería seguir cargando peso, la sombra; sería esa sombra, el vacío causando el inbalance que sentía? el stress que me jalaba hacia abajo? Los músculos del lado derecho de mi espalda se pusieron duros como una piedra y los del izquierdo demasiado suaves, hasta desaparecer y dejarme torcida y sin poder caminar. El difícil pasaje de nueve meses fue como una gestación para los retablos. Supe los motivos que me habían llevado a esa situación y hacer los cambios necesarios para poder sanar. Me di cuenta de que el cuerpo quizá tiene memoria y que una enfermedad puede ser algo positivo, que nos da la oportunidad de rehacernos, de dejar el pasado y los programas que ya no nos sirven. Entendi que el dolor, como un fuego, limpia nuestro cuerpo y nuestra mente, y que de las cenizas uno renace como el Fenix.

A los cuarenta y ocho años, en 1995, cuando mis hijos se marchan, y mi madre muere y una relación íntima se acaba, perdí la energía para construir las cajas y los marcos de los retablos, los paneles de arcilla quedaron expuestos y vulnerables, como yo. Sin ellos había perdido mi protección y mi marco. Con el tiempo los paneles se volvieron mas grandes y capaces de pararse por si solos; recuperé fuerza para dejar la isla, nuestro hogar de 23 años.

En 2001, me mudé a Costa Rica, un país que en vez de gastar en armamentos y ejército, daba a sus ciudadanos educación y beneficios y protección a su Naturaleza. Deseaba el verdor, la inocencia que a travéz de los años la isla donde vivía había perdido. Las imágenes en la arcilla que se rompían en las horneadas, reflejaron las roturas en mi vida personal y también en el mundo externo, tres meses después de dejar la isla las torres gemelas cayeron en NY. Fue el fin y comienzo de una era.

Dejé la gravedad de la arcilla con sus intensos fuegos y empezé a pintar, en lienzos grandes, para expresar la energía y la liberación que sentía. Mis brazos querían volar y los colores eran luz. Los cuadros en un principio eran abstractos, estaba en un limbo o vientre. Las imágenes que surgieron, con el tiempo, se volvieron mas realistas al sentir piso y dirección. Me di cuenta de que una vez mas me había refugiado en la cocina de la casa de mi niñez donde había encontrado calor y simplicidad; pero, extrañaba la cultura. Este era mi dilema constante: Cultura y Natura. Yo era hija de mi madre, hija de profesores, artista, y progresiva, que diseñó nuestras casas de vidrio, madera y concreto rodeada de jardines con sus bellas esculturas y, mas aún, trajo dentro de la casa un jardín sombreado de distintos tonos de verde con solo un color, el blanco de un anturio; y era hija de mi padre, un eminente cardiólogo con mucho talento para las artes y en mi opinión murió por no querer dejar sus responsabilidades para dedicar mas tiempo al campo y la música que amaba componer. Al cumplir los cuarenta con la necesidad de cambios pude entender esto. Culpé su muerte a la sociedad a la que se dedicó. Vi que la Naturaleza, su energia, era la mejor medicina para los males causados por la sociedad, la cultura condicional que originalmente se lo llevó. Tomé refugio en Ella, en el, porque al morir se convirtió en los árboles, el mar, las montañas, el río, la Naturaleza que el amaba; pero, ahora sentia la necesidad de aprender, refinar, de crecer.

En 2004 regresé al Mediterráneo, esta vez no a Grecia, en donde viví dos años, sino a Mallorca que permanecía en mi memoria como el Jardín de la Belleza y de la Abundancia, una vez mas empezé a trabajar con la arcilla, la tierra de Mallorca; significaba el Retorno al Jardín; en un mundo girando cada vez mas rápidamente, sin pensar en el futuro de las siguientes generaciones, necesitaba cuidarlo, cuidar nuestro espiritu, el origen de la belleza y la armonía.

II. Algunas obras surgen de una fuerza que quiere expresar con colores la vida básica, simple y bella, como en los batics y los oleos, y otras son una meditación lenta, una conversación, comunicación, con lo Indecible. Cuando no hay claridad, cuando estoy en un limbo entre una etapa u otra, o cuando la vida va demasiado rápida y no veo claramente, la realidad se disuelve en una Abstracción y la pintura se convierte en el medio por el cual estudio una situación para centrarme, cambiar o disolver una emoción, o para que un sentimiento desconocido surja; esto también ocurre ser en la arcilla, como en El Coro de los No-Nacidos que se formó como un 'collage' con piezas destinadas para otras obras. Todas las imágenes vienen de la vida, si siento que la composición necesita algo, espero a que la Vida, el Tiempo lo presente y lo sienta que pertenece visualmente e intelectualmente; aunque no lo entienda en el momento, se que todo lo que ocurre tiene raices profundas en el Orden Ignoto del cual el presente es flor.

A veces la imagen surge claramente de la nada respecto al tema de mis pensamientos, como Los Hombres Pared y a veces es la emoción que está clara y busco una imagen. La visualización, a travéz del tiempo da fuerza, como en el retablo #15, en donde necesité cortar los apegos para dejar la isla.

La mayoría de veces es para afirmar lo positivo, como en el retablo #16 donde al ir a travéz del miedo [a mi misma], entro a un mundo de color.

A veces es para expresar una epifanía como en el #1 cuando exhausta, después de haber puesto una exhibición, vi mi obra como flores naciendo de mi cuerpo y sentí a la tierra un ser viviente evolucionando como nosotros [y quizá a travéz de nosotros, sus hijos].

Todas las obras y lo que les pasa en su vida enseñan la verdad de una situación. El #14 se horneó demasiado pronto y demasiado rápido. La rotura reflejó la realidad de mi relación, aunque nuestros cuerpos rotos se separaron, nuestras mentes, nuestras almas, permanecían unidas.

A veces la obra es para conmemorar un momento especial como en el retablo Quemando Letras donde sentí una enorme liberación al quemar diarios y papeles.

A veces es para empatizar con algo o alguien como en el retablo #13 que fue hecho para ayudar a una mujer en una terrible situación expuesta en la televisión; necesité descargar esa emoción, necesité protegerla y protegerme, reconectarnos con la luz, con algo puro, mas grande que el mundo oscuro de la ignorancia y dolor. Algunas obras se relacionan con eventos o circumstancias mundiales, La Grieta en la Pared hecha en el 2008 justo antes de que anunciaran el colapso de la economía. Su contexto simbólico en mi vida fue el del psiquis universal.

La obra, como un barómetro muestra mi estado de ánimo y es transformado, a veces después de minutos o, como en el caso de la pintura #22, Crisol, pintada durante el transcurso de dos años, muestra el proceso de la ascensión y transformación de la mujer dividida. La pintura #7 empezó con una mujer flotando en un estado de adormecimiento, gozo, inocencia y dando vuelta al lienzo en sentido del reloj, el pasaje del tiempo, se vió que caía, y el, con mirada fija en el futuro la sostenía. Algunas obras transcienden el tiempo actual.

Escucho y observo, no juzgo o controlo el proceso no expreso lo negativo, sino que busco la vía positiva para salir de la oscuridad. En los retablos de la serie Ecdysis, vi que eran las pieles de las vidas vividas en esta vida. Era el momento de revisarlas, de ver al nuevo ser en camino hacia el futuro para formar parte de Las Personas que Fluyen concientes de La Ola a Travez de la Humanidad.

Aunque el trabajo es personal, siento que hay muchos en la misma situación y siento que la obra recibe y da fuerza a travez de esta conexión invisible y llego a entender lo que es la comunión y como el Arte es su expresión.

 

© 2011 - Mariana Alzamora

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